Este monarca comenzó la repoblación y colonización del lugar, dispuso su fortificación rodeándola de
murallas con cinco puertas, una de ellas, la única que aún se conserva llamada de Ugena.
Restauradas en diversas ocasiones, la primera por el rey Sancho IV (1.284 – 1.295), más tarde en tiempos del arzobispo de
Toledo, D. Pedro Tenorio (1.377 – 1.399) y por último en 1.503 por orden del Cardenal Cisneros.
Sufrieron desperfectos en las revueltas de Alvaro de Luna y en la Guerra de las Comunidades. Con el tiempo se desmoronaron por completo,
sólo se pudo conservar el Arco de Ugena, si bien, desapareció el adarve y coronamiento y la bóveda que tenía en su
interior, no disponiendo en la actualidad de datos ni documentos gráficos que nos pudieran mostrar su aspecto original.
Estructura y estilo arquitectónico El Arco de Ugena es un cuerpo de edificación de planta cuadrada, abierta por dos arcos apuntados y de medio punto en la cara
norte y sur respectivamente y, cerrada por los otros dos costados con orientación este y oeste.
En función de los materiales que forman parte de su construcción, podemos clasificar la tipología de los muros existentes
en mixtos, al ser las fábricas obtenidas por la combinación de algunos de los sistemas tradicionales, en este caso mampostería
y ladrillo de 8,70 de largo, 6, 70 de ancho y 6 m. de altura. Se han ido añadiendo cada cierta altura de mampostería dos o tres
hiladas ( verdugadas) de ladrillo con objeto de homogeneizar los asientos. El aparejo utilizado es de ladrillo del lugar de 5 cm de
canto, combinado con mampuestos de piedra caliza. |