Inagurado el santuario de la Caridad el día 4 de junio de 1600, el Patronato encargado de su administración se dispone a su
ornamentación. Aparte de otras joyas, la obra principal que se incorpora al templo es la pictórica de El Greco. Está
constituida por cinco cuadros magníficos: el famoso San Ildefonso, y La Caridad, La Coronación de la Virgen, La Natividad y
La Anunción, así como los retablos del Altar Mayor y los de las capillas adyacentes
Se cree que El Greco realizó en primer lugar el San Ildefonso. Después, según se halla perfectamente documentado por
convenio de 18 de marzo de 1603, se encargó de la confección de los restantes cuadros y retablos.
Esta última obra constituye un grandioso conjunto que simboliza "La Glorificación de María", representada por cuatro
aspectos de su ser: primero, como mujer mortal, escogida para recibir la gracia de Dios (La Anunciación); segundo, como Madre de Dios,
(La Natividad); tercero, como intercesora de la humanidad (La Caridad); y cuarto como Reina del Cielo, (La Coronación). San Ildefonso
recoge al arzobispo escribiendo su tratado sobre la virginidad perpetua de María.
El motivo de que fuese escogido ese tema para el cuadro se debió seguramente a que fue el Santo al que trajo la imagen de la Virgen a
esta Villa.
Si El Greco en su empresa Illescana consiguió una obra de una calidad artística altísima, el desenlace de su relación
con nuestro pueblo fue muy perniciso para él. Ya consagrado, no se veía necesitado de someterse en sus relaciones contractuales
a condiciones leonimas.
Sin embargo, incomprensiblemente, permitió la inclusión en el contrato de una cláusula que facilitaba al Patronato a nombrar
por su parte a peritos que tasarían el valor de los trabajos. Naturalmente, los técnicos designados valoraron la obra en una suma muy
inferior a su valía
El Greco se reveló contra esta decisión y entabló pleito contra el Patronato de La Caridad. El litigio vagó por el
Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo, la Chancillería de Valladolid y la Nunciatura en Madrid. Se reconocían
moralmente las razones del artista, pero la literalidad de la cláusula del contrato se imponía. El Greco, enfermo y cansado,
cedió, y sólo obtuvo una remuneración similar a la fijada en un principio. Este caso causó al artista gran
desazón, que le acompañó hasta la muerte.
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