Con la ayuda de diversas fuentes documentales podremos imaginarnos como disfrutaban y vivían las ferias los vecinos de Illescas y aldeanos circundantes, entre los siglos XVII Y XVIII.
La Villa de Illescas manteniendo la tradición medieval, celebraba anualmente sus ferias, desarrollándose éstas el último día de agosto y los dos primeros de septiembre.
En ella se llevaban a cabo básicamente las transacciones ganaderas, a pesar de que la base de la economía del municipio era esencialmente agrícola. Los comerciantes venían de lugares varios, Toledo, Madrid, Mocejón, La Puebla de Montalbán, entre otros, llegando inclusive de provincias como Guadalajara o Cuenca; todo ello denota la categoría y el prestigio del que gozaba el evento. En ella se vendían mulas y caballos para la labor, con un precio que oscilaba entre los 70 u 80 doblones.
Pero como se ha citado anteriormente las ferias no eran exclusivamente comerciales, las festividades religiosas gozaban de prestigio e importancia, ya que el pueblo profesaba enorme fe por su patrona la Virgen de la Caridad. Gozaba de gran importancia rendirle honores a la “Sagrada Imagen”. Nos remontamos al año 1588, año en el que comienzan las obras de un “nuevo templo y casa magnífica para la Reina de los Ángeles, reutilizando para ello las piedras del antiguo alcázar, mediante licencia concedida por el Ayuntamiento en sesión celebrada el 17 de noviembre de 1590: “(…) la iglesia hospital de nuestra señora de la Caridad desta villa de Illescas está empeçada a hacer (…) y para que la dicha obra continue por la necesidad que ay para ayuda (…) acordaron de dar y que se de para las obras la piedra y ladrillo de unos zimientos (…) muy antiguos que sía ser del castillo (…) las piedras se las van llevando cada día y será mejor que lo que puede se de para la dicha obra (…) para ello se da liçencia en el consejo (…)”. Las obras del templo estaban prácticamente finalizadas en junio del año 1600, de ahí que el domingo 4 de junio del citado año se trasladara la Imagen al inaugurado templo, celebrando dicho acto con solemnidad y alegría entre los vecinos del municipio. El mes de junio era complejo para los labradores cuyas obligaciones laborales les impedían disfrutar con plenitud las ferias; la villa de Illescas acordó que referida festividad se celebrase el último día de agosto, fecha en la que los labradores habían concluido sus tareas.
En el día indicado el pueblo con fervorosa devoción, sacaba la sagrada imagen en carro y solemne procesión por las principales calles del pueblo, para tal evento “ (…) los nobles vestidos como tales con los trajes y peinados que les separa de la vulgaridad (…) los plebeyos con la ropa de su mejor aseo, capas y pelo tendido a usanza de la nación y paisanaje (…)”, dichas indicaciones se transcriben de un auto emitido por el presidente de la “Santa Casa” (Fundación del Hospital de Nuestra Señora de la Caridad), D. José Cerdán de landa, el 24 de agosto de 1791, en el mismo documento se hace referencia a los modos y maneras con la que han de adornarse las calles y seguir la procesión: “(…) que los vecinos por donde la procesión transita adornen sus puertas y ventanas de sus casas colgándolas con ropas y tapices que tengan (…) que las calles con el tiempo se reconozcan rellenen de arena y suavicen los malos pasos robados por las aguas y el trajín (…)”.
Así mismo se pide que “(…) que en la procesión y su paso se observe exacto silencio, rigurosa igualdad y verdadero orden de compostura, (…) y avisar de las pasadas y marcha se deputarán dos personas con sus insignias, que paseando por entre las filas pueda advertir los movimientos para verificarla, los cual cumpla cada uno por su parte bajo la multa de cuatro ducados …) con más vergonzosa expulsión de la procesión y los días de cárcel a que hay lugar la trasgresión que se le advierta (…)”. La tradicional procesión se sigue celebrando hoy día con gran entusiasmo por parte de los vecinos de Illescas.


